Círculos de mujeres
Un lugar al que volver
Hay momentos en los que necesitamos detenernos, salir un poco del ruido y volver a escucharnos.
Los círculos de mujeres son encuentros periódicos en los que podemos compartir, explorar y reconocernos junto a otras mujeres. Un espacio cuidado donde cada una puede llegar como está, con aquello que en ese momento forma parte de su vida.


Volver a casa, juntas
Para mí, sentarnos en círculo tiene algo antiguo y sencillo.
Nos colocamos a la misma altura y durante un tiempo dejamos fuera las prisas, las obligaciones y los lugares que ocupamos en la vida cotidiana. No necesitamos tener las cosas claras ni llegar con una historia preparada. Podemos hablar, escuchar o permanecer en silencio.
El círculo se convierte poco a poco en una casa compartida. Un lugar de presencia, intimidad y cuidado desde el que cada mujer puede comenzar a reconocer también su propia casa interior.
A veces regresamos a ella a través del cuerpo. Otras veces, mediante una palabra, una imagen, una emoción o la experiencia de otra mujer que, inesperadamente, pone nombre a algo que también estaba vivo en nosotras.

Mi manera de crear y sostener los círculos
Esta manera de hacer círculo nació de mi propia experiencia y ha ido tomando forma con cada encuentro.
Yo preparo una intención, un tema y un recorrido. Cuido el espacio, la llegada, los tiempos y el cierre. Después, el círculo se crea entre todas. Cada mujer trae su historia, su presencia y su manera particular de mirar.
En los encuentros conviven la palabra, el cuerpo, la emoción y el lenguaje simbólico. Podemos utilizar la escritura, el movimiento, los sentidos, una visualización, un pequeño ritual o las imágenes del Tarot para acercarnos a una pregunta.
El símbolo no viene a decirnos lo que nos pasa. Abre una posibilidad. Una semilla puede hablarnos de lo que quiere crecer. Un árbol puede acercarnos a nuestras raíces. El fuego puede conectarnos con el deseo y con el «yo soy». El agua puede llevarnos hacia la intuición. Una carta del Tarot puede convertirse en un espejo desde el que comenzar a observarnos.
Cada mujer decide qué significado tiene para ella y hasta dónde quiere entrar.
El Tarot no impone caminos. Acompaña procesos.
Cada círculo abre una puerta diferente
Nos reunimos aproximadamente una vez al mes. Cada encuentro dura alrededor de dos horas y nace de una pregunta o de un tema que nos acompaña durante toda la experiencia.
Comenzamos llegando al cuerpo y al momento presente. Después abrimos el tema y realizamos una propuesta central. Siempre reservamos un tiempo para integrar y compartir, y cerramos el círculo con calma. No todas tenemos que vivir lo mismo: una experiencia pequeña y verdadera también es suficiente.
En un encuentro puede haber
- Respiración, centramiento y escucha corporal.
- Rondas de palabra y escucha sin juicio.
- Escritura, dibujo o expresión creativa.
- Visualizaciones y meditaciones guiadas.
- Movimiento y experiencias sensoriales.
- Tarot y otros recursos simbólicos.
- Elementos de la naturaleza, estaciones y ciclos.
- Pequeños rituales de apertura, tránsito o cierre.
- Silencio y tiempo para integrar.

Los caminos que exploramos
Los temas cambian porque nosotras también vamos cambiando.
A lo largo de los círculos hemos explorado el regreso a una misma, las raíces y el linaje, la identidad, la intuición, el cuerpo, la herida, el deseo, la personalidad, el masculino y el femenino, la gestación y los ciclos de las mujeres.
También hemos trabajado con la semilla que cada una quiere entregar al mundo, con el fuego del «yo soy», con la rueda celta y con los movimientos de la naturaleza. Hemos celebrado el solsticio, compartido una ceremonia de cacao y atravesado juntas momentos de apertura, recogimiento y transformación.
Debajo de todos estos temas permanece un mismo hilo: volver al cuerpo, a la voz propia, a la intuición, a los límites y a aquello que necesita ser escuchado.
Cómo cuidamos el círculo
La intimidad de este espacio necesita algunos acuerdos sencillos
- Lo personal que se comparte permanece dentro del círculo.
- Escuchamos sin juzgar, interrumpir ni explicar a otra mujer lo que le sucede.
- Hablamos desde nuestra propia experiencia.
- Podemos pasar turno, guardar silencio o no realizar una propuesta.
- No necesitamos aconsejar ni encontrar soluciones para las demás.
- Cuidamos el tiempo para que todas podamos tener un lugar.


El primer círculo
Les Comes, Sils: la primera raíz
Esta propuesta comenzó a tomar forma en Les Comes, Sils. Allí nació el primer círculo y allí continúa vivo.
Durante su primer año hemos compartido once encuentros. Les Comes es la primera raíz. Un espacio concreto, creado y cuidado entre todas, desde el que ahora pueden empezar a crecer nuevas ramas.
Un año · once encuentros · una raíz viva
El círculo se reúne aproximadamente una vez al mes. Las fechas, el tema y la información práctica de cada encuentro se comunican con antelación y las plazas son limitadas para poder cuidar la intimidad del grupo.

Nuevas raíces, nuevas formas de encontrarnos
Crear nuevos círculos
Siento que esta experiencia también puede encontrar su lugar en otros pueblos, barrios y comunidades.
La propuesta está abierta a la creación de nuevos círculos en colaboración con ayuntamientos, asociaciones, centros cívicos y espacios públicos o privados que quieran ofrecer un lugar periódico de encuentro, escucha y exploración para las mujeres de su entorno.
Cada círculo puede desarrollar su propia identidad, manteniendo aquello que sostiene la propuesta: la confidencialidad, la escucha, la libertad de participación, el cuidado y el valor de encontrarnos desde una posición de igualdad.
Si formas parte de un ayuntamiento, una asociación o un espacio y crees que esta propuesta podría tener cabida en vuestra comunidad, podemos conversar y pensar qué círculo tendría sentido crear allí.